martes, 23 de diciembre de 2014

Ritual de iniciación

Carlos llamó a Roberto por teléfono y le dio la gran noticia: Fueron admitidos. Habían sido rechazados cuando pidieron ingresar en la logia de su ciudad, pero Carlos había encontrado por internet una logia masónica que tenía su sede en un lugar a pocos kilómetros.
Sólo tuvo que pagar la inscripción con su paypal y le dieron fecha para que se presentaran al ritual iniciático. 
Esperaban algo más grande y majestuoso pero encontraron un edificio destartalado de cuatro plantas. La primera planta tenía una cartulina pegada en la puerta: NINFÓMANAS ANÓNIMAS. Ante semejante anuncio era imposible no curiosear así que se asomaron con cuidado. Sólo había dos ancianas que se comían con los ojos a un joven pastor que sermoneaba ajeno a todo. 
Desde luego no había sido tan emocionante como supusieron.
Siguieron subiendo escaleras y tropezando cada pocos pasos con latas de cerveza vacías hasta llegar al tercero. Ahí era donde se convertirían por fin en masones.
Tocaron el timbre y un cincuentón barbudo y claramente borracho les abrió la puerta. Se identificaron y los dejó pasar.
Eran unos 15 individuos, entre los veinte y los sesenta años, todos con túnicas y todos ebrios. Carlos observó que había dos oficinas pequeñas. En una esperaba un grupo de mujeres y en la otra dos tipos asustados con túnicas blancas que contrastaban con las negras del resto de masones. Sabían que las mujeres ya participaban activamente en la masonería moderna, pero habían notado que éstas llevaban la misma camiseta que las ancianas de "Ninfómanas anónimas". Dos borrachos empezaron a pelearse junto a ellos y por lo que entendieron el motivo de la discusión era la más atractiva de las mujeres. En realidad físicamente ninguna era gran cosa a juicio de Roberto.
Un tipo que se identificó como gran Maestre los saludó efusivo y les invitó a pasar a la oficina de las túnicas blancas y ponerse unas. En veinte minutos daría comienzo la ceremonia.
Se vistieron apresuradamente y escucharon con estupor a los otros novicios preguntarles si se habían depilado. 
El gran Maestre entró y les dijo que si ya estaban listos empezarían inmediatamente la ceremonia porque las señoras amenazaban con no dejar piedra sobre piedra si no comenzaban ya.

Los novicios salieron con paso lento y las damas como una jauría desbocada. El barbudo de la entrada dejó ingresar a otro puñado de mujeres con aspecto de ser prostitutas de las que Carlos llamaría "gama baja".
Los ya iniciados buscaron acomodo entre las mujeres y el gran Maestre empezó un discurso sobre la sagrada labor de su logia pero fue interrumpido groseramente y se limitó a pedir voluntarias para el rito. Un par de mujeres se adelantaron e invitaron a los que llevaban túnicas blancas a acercarse. Se despojaron de la ropa, agarraron cintas métricas y se pusieron de rodillas frente a los  otros dos novicios quienes se habían colocado de primeros. Alguien comentó que era el momento de ver cómo andaban de mazo y las ninfómanas anónimas salivaron de forma pavloviana.
En ese momento Roberto comprendió que era lo que estaba mal en todo eso. Le dio un codazo a Carlos quien miró el altorrelieve que coronaba una de las paredes. Empezaron a retroceder pidiendo disculpas a los borrachos y en cuanto llegaron a la puerta corrieron sin recuperar sus prendas de vestir.

Por error se habían inscrito en la logia de los MAZONES.

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